03/07/2009 - 10:08 hs.
Cuando nos encontramos (como ahora) frente a una epidemia, el primer análisis que debemos hacer es :
a) quien es nuestro enemigo, y cual es su historia natural como enfermedad
b) cuales son las características de la población atacada (situación climática, comportamientos y hábitos), en fin, todas las características que debamos recabar para poder realizar CON LOS DOS PARÁMETROS, una estrategia coherente que logre el objetivo fundamental, tal es el control de la epidemia (altamente improbable cuando es una virosis respiratoria) o disminuir al mínimo el daño individual y social, evitando con ello internaciones y muertes.
La experiencia de otras sociedades (incluso medicamentos) puede servir como aporte, pero no olvidemos que ninguna sociedad es igual a otra, ni demográficamente, social, económica, etc. Incluso los virus (como el actual) nuevo en su estructura, puede actuar diferente.
Lo único positivo es tener conocimiento histórico de la evolución en las poblaciones de los virus gripales afines al agresor actual.
Que pasó y pasa en nuestro país desde la invasión por el virus A (h1n1):
Intento de detener o demorar el ingreso del virus en nuestro país:
Detenerlo es por supuesto inútil, porque es imposible conseguirlo. Demorar su ingreso, usando espectacularidades costosísimas (hospital de campaña, detectores de fiebre, etc.) es inoperante. Por supuesto, aplicadas por razones de exigencias de la opinión pública, motorizada por medios de comunicación, insaciables en su búsqueda de primicias, en un ambiente politizado al máximo, ante la proximidad de las elecciones, y la experiencia del dengue. Nada de eso era necesario, y no resiste análisis de conducta epidemiológica.
Conducta frente a la instalación del virus, y su posterior difusión:
Absolutamente negativo es el permitir que dicha prensa condicionara en la opinión pública, un estado de temor y miedo frente a la epidemia, e incluso alimentarlos, dando mensajes sin explicación lógica (ni científica) pero que aumentan la inquietud de la población (y comienza el costo económico individual). Ejemplo: barbijos, alcohol en gel, vacuna antigripal, así como medidas insólitas (no abrazar ni besarse).
Pero la mas inoperante y peligrosa fue permitir la difusión del n° de afectados, así como los presuntos muertos atribuidos al virus, sin dar las explicaciones pertinentes (tales como que la causa final de muerte es luego de un exhaustivo examen anatomopatológico), una cosa es morir portando el virus, y otro el hacerlo por el virus, respecto del número de casos. Es necesario recalcar que se notifican los positivos, pero no hay la menor duda que constituyen con mucha suerte el 10% de los afectados. La demora del Estado, en su difusión, es porque debe recibir información de todas las juridicciones y certificarlas.
Las otras medidas entran dentro de lo alucinante y elevan al cenit el costo, esta vez sí económico y social, agregando a una calamidad médica otro factor nocivo para el país todo. El cierre de las escuelas, el aconsejar permanecer en los hogares, evitar viajes, actividades compartidas tales como el mate; en una relación costo beneficio (costo social y de salud mental, no económico) son medidas absurdas, sería algo como colocarse en la caída de una catarata, y abrir un paraguas para protegerse. El enfrentarnos con un microorganismo de cualquier tipo, obliga a nuestras maravillosas defensas naturales a estar alertas y en la plenitud de su potencia. Son innumerables los trabajos que mencionan el miedo y la ansiedad como factor en la disminución de las mismas.
Entender que la declaración de emergencia sanitaria nacional implica médicos saliendo a la calle con boleadoras y lanzas a cazar virus, es sí absolutamente culpa de una prensa insaciable (especialmente televisiva) y espectacular.
Olvidé mencionar que los virus gripales, como todos los virus, al penetrar en el organismo contagian un 100 % en el período de incubación, cuando nada hace prever en el implicado que está enfermo. Se calcula también (por conocimiento de la historia natural de los virus) que de cada 10 personas que lo reciben, una sola se enferma. En los restantes, nuestras defensas naturales (que cuentan con nuestro poco popular, pero sí fantástico moco) una infranqueable barrera natural y barata. El barbijo es inoperante e inclusive nocivo si es usado indiscriminadamente (más de dos horas o cuando se humedece ligeramente) porque es un hermoso caldo de cultivo para gérmenes. Sí debe ser obligatorio en el afectado, para evitar contagiar a quienes lo rodean.
La sobrecarga de atención en los servicios de salud, en un 80 % por afecciones banales que en circunstancias normales a nadie se le ocurriría consultar, traen el verdadero riesgo: médicos agotados frente a una catarata de enfermos, que si por imperio de las múltiples consultas, puedan equivocar un diagnóstico.
Que debemos saber y hacer:
1) enfermedad benigna en evolución y con muy bajo número de complicaciones y por supuesto de muertes.
2) Su tratamiento es reposo, líquidos en cantidad (en especial jugo de frutas), alimentación liviana cuidando de mover el intestino con regularidad, control de la temperatura con paracetamol y baños.
Jamás automedicarse con antibióticos.
3) Para prevenirla: vida normal, higiene personal elemental, no suspender las actividades al aire libre.
Aumento de la frecuencia del lavado de manos, solamente con agua y jabón. En ausencia de los medios para hacerlo, se aconseja el uso del alcohol común (ligeramente diluido).
En definitiva, un país que politiza todo lo que camina o anda, una prensa grande casi monopólica, pero si unánimemente anti oficialista, y un gobierno timorato, han hecho de esta epidemia, un dislate total.