10/12/2009 - 18: hs.
Sería, parodiando a Clausewitz (la guerra es la continuación de la política por otros medios)” la huelga es la continuación de las tratativas por otros medios”.
En ambas situaciones, fuera de los beligerantes, la situación de los que tienen que soportar el desatino, se convierte en cruel. Y mas aún cuando las victimas son niños. Sería también el último de los recursos, puesto que, como la guerra, nadie sale ganador y TODOS PERDEMOS.
Pese a que no viene al caso, lo mismo pasa con los piquetes corta calles, en busca de logros sociales o sectoriales. Este agravio ofende al sentido común, la paciencia de los gobernantes y la impotencia de los que la soportan.
Creo que gran parte (sino toda) de estas expresiones desatinadas de protesta, la tiene nuestra incapacidad de elegir quién nos represente y, por supuesto, de votar por quién nos va a gobernar. Diríamos que nuestra clase dirigente no tiene la menor idea que su función primordial es encaminar, enderezar, atender a las necesidades, etc.de sus dirigidos, pero con la mirada puesta en el bien común de todos los ciudadanos, y a las posibilidades ciertas de obtener reivindicaciones sectoriales que no vayan en desmedro de otros sectores de la sociedad.
Dentro de los atributos que debe tener cualquier dirigente, creo que los más importantes son el equilibrio y la moderación. Equilibrio al sopesar la situación general para poder exigir en lo sectorial. Moderación al poner en consideración de sus mandantes las conductas a seguir.
Tal vez como secuela de tantos años de dictadura, la combatividad y la beligerancia se han impuesto en la dirigencia, superando totalmente a la moderación y el equilibrio. Las normas legales que regulan el derecho de huelga (entre ellos la conciliación obligatoria) son violadas sistemáticamente. Es digno de destacar el argumento de un dirigente gremial de los maestros de Buenos Aires, quien dijo que no acataba la decisión de conciliación porque provenía del mismo gobierno al cual enfrentaban. Con ese argumento, habría que haberle dado a dicho dirigente las gracias por los servicios prestados, proveerlo de un arma, y mandarlo a buscar una respuesta bélica
Otra de las curiosidades de este tipo de dirigentes es creer que todos los participantes de los conflictos (y los que los padecemos) somos bobos. Es por ello que, siendo su único objetivo el ajuste salarial, utilizan su imaginación (que podrían usar buscando otros medios que no lesionen a inocentes) invocando condiciones de trabajo, salubridad de los lugares, objetivos perseguidos, etc. Reivindicaciones que milagrosamente se eliminan cuando logran el aumento de sueldos.
Tal vez el lector interprete esta nota como crítica a la conducción de los trabajadores, y es mucho más que eso. La mal llamada dirigencia del Campo es el paradigma de lo antes mencionado; a los cinco tenebrosos que la conforman no les importó (ni les importa) el país en su conjunto: fomentaron lock-out salvajes (mal llamadas huelgas) ,cortes de ruta que hicieron peligrar los alimentos básicos de la población, y como frutilla del postre, derramando miles de litros de leche. Otro ejemplo digno de destacar es en Santa Fe, la declaración de los magistrados de la Justicia, oponiéndose a una tímida reforma que llevaría en parte transparencia a una Justicia envilecida y politizada. Estoy esperando su declaración de huelga, como dislate final.
Todas estas reflexiones están originadas por la huelga docente en varias provincias, incluida la mía. Mi profesión de médico y mi carrera burocrática que me llevó a cargos de responsabilidad, hizo que tuviera claramente definida mi vocación humanista ,volcándola en ayudar a los que menos tienen, a los enfermos, los discapacitados …y a los niños. Hacerle una huelga que ELLOS tengan que soportar o padecer, me parece la más cobarde de las determinaciones, cualquiera sea el motivo que se invoque. Lo mismo opino de cualquier huelga de la Sanidad que ponga en riesgo la estabilidad de un enfermo.
Siempre se invocó (hasta en los tangos) que la escuela era el segundo hogar, y la maestra la segunda mamá. Qué lejos han quedado aquellos tiempos! En estos momentos se elige, para determinar la fecha de los paros, la fecha que más afecte a los niños en su derecho a aprender (finales y comienzo de las clases). Tal vez se olvida que por definición, el salario es siempre insuficiente para quien lo recibe (como los recursos de un país) y que su fijación trae en el gobierno la difícil tarea de lograr la equidad en la fijación de los mismos.
Existen muchas maneras de lograr el equilibrio sin recurrir a la huelga como única solución; puedo sugerir varias, pero no es el motivo de esta nota.
Sólo quiero enfatizar dos cosas que me alteran: cuando se habla de decisión democrática por ser el resultado de una asamblea, olvidan que en el manual (no escrito) para ser dirigente, en la primer página se escribiría las mil maneras de manejar la misma para lograr el objetivo para la que había sido convocada (por los dirigentes…), y si hablamos del voto por el sí o por el no de una huelga, hay que ser muy sobrio para responder que no, cuando se ofrecen dos, tres o l0 días de vacaciones pagas…
Sugiero, para los que como yo no creen en ese tipo de decisiones, que se incorpore (si se opta por la huelga) a que sea en los lugares de trabajo confraternizando con los niños, o tal vez aceptando el descuento por el gobierno de los días no trabajados, si la asamblea de padres de cada uno de los colegios lo propone.
La democracia es la mejor forma de gobierno, pero debemos acatar las condiciones que ella nos impone.